III. Valdepeñas
III.
Valdepeñas
Hay veces que tienes la suficiente resaca como para no ir a
ninguna parte. O al menos, intentar no hacerlo nunca bajo la orden estricta de
la prudencia. Me gustó imaginar unos labios de vino tinto en la tierra en la
que los chicos madrugan para hacer vendimia. Me gustó escuchar la fiesta bajo
mis pies, hacer dormir sobre la fiesta con los pies por delante. A veces hay
que sacar la sangre, usar bien la parte cóncava de la cuchara y dejar nuestro
cadáver como un exoesqueleto vacío para rehacer el verso del día. Me gustó
imaginar unos labios de vino tinto a fuerza de un desencuentro. El polvo en la
cueva va almacenándose sobre los cántaros atestados de vino y alguien brinda
por el vino nuevo del año desde el cielo.
Comentarios
Publicar un comentario