VIII. NO SE PUEDE NEGOCIAR CON UN TSUNAMI
VIII. NO SE PUEDE NEGOCIAR CON UN TSUNAMI
No se puede negociar con un tsunami. Cito textualmente las
palabras de un hombre al enterarse por parte del amor de su vida que le fue
infiel en algún tramo tempestivo de su relación. Es el estreno de una afamada
serie en una plataforma de streaming. La primera del año bajo las enaguas del
brasero y la lluvia en el sur. Y recluto información moral por parte de mis
amigos. ¿Han llegado a sentir algo parecido? ¿Exprimieron la gota? ¿Aplaudieron
la catástrofe anunciada? ¿O, tal vez, entrevieron el agua sucia del final,
apartándose a tiempo? Hay quien aprende a echar raíces en una relación de larga
estancia y para quien la vida es ir doblando los manteles y la ropa interior de
las coladas del domingo. La luz plastificada del sábado me envuelve en el
regreso a la ciudad nación. He escrito algo de narrativa y pienso en el amor. En
su fecha de caducidad y en su paz. En su controversia. En su sacudida en la
piel de alguien que hace noche en la casa de un amante que ya no. El amor desalmado
y el que moja las habitaciones en las noches de rocío denso. Al final, todo
parece indicar lo mismo. Debemos atenernos a la máxima de la especie. Al final,
las dos únicas facciones importantes en la vida, resultan el amor y la muerte.
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