II. Río Liffey
II.
Río Liffey
Estás en una cafetería del centro sentado delante de un
ventanal enorme. Te mojas lso labios con el café latte que es la única forma de
café que sabes pedir con la suficiente cafeína como para mantenerte un poco más
despierto por unas horas. Fuera discurre el río Liffey. Dentro el vaho te
empaña las gafas. Observas con detenimiento. El free tour en tres horas y crees
haber visitado todos los monumentos de la ciudad, jamás todos sus pubs. ¿Cuál
es el mejor pub de Dublín? Buena pregunta. Pregunta que me he hecho durante
muchos años. Diría que el que esté más cerca de casa. Resuenan las palabras del
guía. Continúas observando el tempo del transeúnte. Algunos vuelven como momias
a casa. Otros han madrugado lo suficiente como para pasear por la orilla
empedrada del río. Algunos cargan regalos con bolsas de papel de una famosa tienda
de souvenirs de al lado con llaveros de oveja a seis euros. Otros corren
deprisa a alguna parte que jamás conoceré. Aún escuece el relente de la noche
con ojeras europeas entre el gentío. Y sales fuera. Caes en la marea de los
cuerpos arrastrados por la corriente. Y caes, volver como momia a casa es
cuanto termina importando. Pero volver a casa siempre.
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