I. Te has equivocado
I
Te has equivocado. Es esta la sensación. No debiste pensar,
no debiste sentir. La noche tiene algo de espanto en su puerta abierta. Puerta
que se abre igual que un esternón de cangrejo en nochevieja, pectoralmente. Nochevieja
solitaria. Te multiplicas y el error acude a exigirte cuentas. Madrugas lo
suficiente y te cruzas con alguien que ha dormido junto a la escalera toda la
noche. Toda una noche. Le miras con miedo, te mira con miedo. Y te largas. Debí
haberle preguntado si necesitaba algo, si había perdido algo importante.
Guardas el cadáver que vestiste en la profundidad de la oscuridad revisitada.
Me he equivocado. Atrás queda el murmullo de unos labios entreabiertos.
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